La concejal de VOX en el Ayuntamiento de l’Alfàs del Pi, María José Fuster, ha presentado esta mañana su renuncia irrevocable al acta y a todos sus cargos orgánicos, poniendo fin a una etapa marcada —según denuncia— por el deterioro personal y político vivido en el seno de su propio grupo municipal.
En el comunicado, Fuster sostiene que la decisión responde a «una situación que ha puesto en riesgo mi salud y mi dignidad» y la enmarca en un conflicto interno prolongado que, asegura, ha hecho inviable su continuidad en el cargo.
La edil recuerda que durante tres meses, en el verano de 2025, asumió en solitario la representación institucional de VOX en el consistorio, desempeñando —afirma— todas las funciones del grupo municipal sin relevo ni respaldo. «La lealtad y el esfuerzo no han encontrado la mínima correspondencia en el respeto que exige la convivencia política y humana», señala.
Motivos
Entre los motivos que expone para justificar su salida figura el trato recibido por parte del portavoz del grupo, Manuel Saz Planelles, de quien Fuster denuncia descalificaciones personales y profesionales, y asegura que sus intervenciones llegaron a ser atribuidas de forma despectiva a una «Inteligencia Artificial», en lo que interpreta como un intento de desacreditar su capacidad. También reprocha que se haya calificado de «paripé» el trabajo desarrollado en comisiones informativas, órganos que considera esenciales para el control y la fiscalización de la acción municipal.
La ya exconcejal vincula además su renuncia a un deterioro de su salud emocional. Describe un clima de «hostilidad y agresividad verbal» que, sostiene, ha derivado en un cuadro de ansiedad. «Ningún cargo público justifica el coste de perder la paz mental ante un acoso laboral y moral sostenido en el tiempo», afirma.
Otro de los ejes de su argumentación es el respeto institucional. Fuster critica ausencias que califica de injustificadas en debates relevantes, como el de los Presupuestos Municipales, y cuestiona que se invoque la vida privada para eludir la rendición de cuentas ante la ciudadanía. A su juicio, l’Alfàs del Pi «merece representantes presentes en los órganos de gobierno».
En el plano interno, la edil asegura haber solicitado mediación dentro de su partido desde el pasado mes de diciembre, sin obtener respuesta efectiva. Denuncia que, lejos de recibir amparo, se abrió un expediente en la comisión de garantías que, según explica, continúa sin resolución, lo que la habría dejado en una situación de «indefensión institucional».
«Valores, verdad y coherencia»
Fuster defiende que su marcha es también un acto de coherencia con los principios que, afirma, la llevaron a entrar en política: «valores, verdad y transparencia». Mantenerse en el cargo en las actuales circunstancias, argumenta, supondría avalar comportamientos que considera incompatibles con el ejercicio responsable de la función pública.
La edil se despide con agradecimientos a los vecinos que depositaron su confianza en ella, al personal técnico y administrativo del Ayuntamiento —a quienes define como «el verdadero motor del municipio»— y, de forma expresa, a los grupos de la oposición, con los que asegura haber encontrado respeto institucional pese a las diferencias ideológicas.
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