
Este artículo de opinión principalmente es un sentido homenaje a las personas fallecidas (descansen en paz), heridos, familiares y amigos recientemente en dos trágicos accidentes ferroviarios en España (Adamuz y Urda pero hay muchos más en las desastrosas carreteras españolas). Y aquí viene la materia prima: los servicios públicos en caída libre, tocamos fondo. Pasar de ser la joya de la corona, la referencia mundial en red ferroviaria a ser el hazmerreír del mundo entero, el punto de mira donde uno no debe fijarse. El deterioro si no se remedia drásticamente va a ser peor; los servicios públicos son la casa del terror y todo gracias a este gobierno incompetente, mezquino y ruin hasta la saciedad. Lógicamente el servicio público del que creo que puedo opinar es al que he servido durante muchos años (no como tantos ilustres, hombres y mujeres que como dice el refrán por la boca muere el pez) que es la Guardia Civil.
La Guardia Civil como institución es reconocida mundialmente, pero ojo, gracias a los Guardias Civiles, hombres y mujeres, que diariamente se dejan la piel, muchas veces literalmente, por hacer cumplir el mandato constitucional bajo el articulo 104.1 (proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana). Siempre en primera línea, poco para lo bueno y mucho para lo malo, pero sabemos que eso también históricamente es así, como también sabemos, desgraciadamente que quien se supone es nuestro protector o empleador, quien tiene que dar respuesta a las necesidades fundamentales para poder ejercer con seguridad y dignidad las premisas constitucionales encomendadas, desgraciadamente suelen ser los más ineptos e incompetentes como así está pasando en los últimos años.
El maltrato sistemático, el desprecio con arrogancia y desfachatez (increíblemente la actual directora general de la Guardia Civil, investigada judicialmente mantiene el cargo, creo que algo inaudito en cualquier país democrático) con el que tratan a los Guardias Civiles, a sus representantes legales de las asociaciones profesionales cruza todos los límites de la ética, si es que alguna vez han tenido conocimiento de lo que eso significa. Para los Guardias Civiles en general es muy difícil compaginar el trabajo policial ante la caterva de políticos esperpénticos a los que hay que enfrentarse junto con el poder judicial, al cual se le tiene un respeto y en muchos casos agradecimiento por saber entender y dirigir operaciones contra la corruptela incardinada en el gobierno y sus adláteres (menos mal que de momento no han conseguido desmantelar la UCO azote y corta fuegos de estos pirómanos de la política).
Sabemos que son insaciables, sin escrúpulos les da igual so que arre, van a lo suyo a sus libros o sus cuentas bancarias (un tal Abalos y compañía son ejemplo práctico) pero eso sí la inversión, innovación, mantenimiento de lo público si eso para mañana, ahí están los resultados. En los últimos años la recaudación en impuestos ha sido histórica, además de dinero del fondo europeo, pero cuando se exigen resultados lo único que ponen en la mesa son desgracias, muchas veces demasiadas, con muertos. Esto recuerda demasiado a no hace muchos años cuando una banda terrorista, de cuyo nombre no quiero ni mencionar, y su brazo político EH BILDU (hoy en día en armoniosa y amorosa compañía de este gobierno) negociaban de esa manera, con muertos en la mesa, de eso sabemos mucho los Guardias Civiles. Pero todo sigue igual o peor, recientemente Guardias Civiles y Policías Nacionales a través de sindicatos policiales y asociaciones profesionales, después de muchos años, han mantenido reuniones a nivel institucional para de una vez por todas conseguir algo que ni habría que pedir ni reclamar: ser considerados como profesión de riesgo, al igual que el resto de policías locales y autonómicas, esto solo pasa en España.
Una vez más se ha visto la cara de estos impresentables: en el último momento rompen unilateralmente las negociaciones y ante una medida de presión por parte de policías y guardias civiles el gobierno (Marlaska en la sombra como siempre) deciden expulsar mediante amenazas, coacciones y uso de la fuerza de las dependencias ministeriales a los representantes legales de miles de Guardias Civiles y Policías. A ellos si que hay que echarlos para siempre, las desgracias no vienen solas. Mientras tanto en Sol barra libre, y ardiendo las calles por España.
Javier Torrellas. Asociación Unificada de Guardias Civiles





