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    Las Kellys de Benidorm se preparan para una movilización estatal tras 12 años de reivindicaciones sin avances laborales

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    Las camareras de piso, conocidas como las Kellys, preparan una campaña de movilización a nivel estatal que podría desembocar en una huelga para reclamar mejoras en sus condiciones laborales y poner freno a la sobrecarga de trabajo que, según denuncian, afecta a miles de trabajadoras del sector hotelero en España.

    El movimiento parte de asociaciones de Kellys de diferentes comunidades autónomas, entre ellas Canarias, Cataluña, Madrid y Andalucía, y cuenta también con la participación de las representantes de Benidorm. Las trabajadoras aseguran que llevan años trasladando sus reivindicaciones a empresas, patronales y administraciones sin que se hayan producido avances suficientes en cuestiones que consideran fundamentales, como la carga de trabajo, el reconocimiento de las enfermedades profesionales, la prevención de riesgos laborales, la subcontratación o la jubilación anticipada.

    Yolanda García, portavoz de las Kellys en Benidorm, ha explicado en Mediodía Radio Sirena que considera que la posibilidad de plantear una huelga estatal es consecuencia de un largo proceso de reivindicación. «Era un paso casi a gritos, era un paso necesario», afirma. García recuerda que llevan 12 años reclamando mejoras y que la situación ha llegado a un punto en el que consideran necesario coordinarse a nivel nacional. «Estamos preparando una campaña estatal conjuntamente con todas las compañeras de distintas asociaciones, no solo de Canarias, también de Cataluña, de Madrid y de parte de Andalucía», explica.

    Una carga de trabajo que consideran inasumible

    Uno de los principales motivos que han llevado a las Kellys a plantearse una movilización estatal es la carga de trabajo que soportan durante sus jornadas. Las trabajadoras denuncian que los ritmos impuestos en algunos establecimientos pueden terminar provocando lesiones y enfermedades que, posteriormente, no siempre son reconocidas como derivadas de la actividad profesional.

    García considera que la situación no puede normalizarse. «Cuando la carga de trabajo inasumible termina provocando enfermedades y lesiones, podemos decir que es una violencia contra las trabajadoras», asegura. La portavoz insiste en que el problema no se limita a una determinada ciudad o comunidad autónoma. Aunque los convenios colectivos establecen condiciones diferentes dependiendo del territorio, considera que existe una problemática común en todo el sector: el número de habitaciones que deben limpiar en una jornada y el tiempo disponible para hacerlo.

    «Los ritmos frenéticos y el número de habitaciones, que depende de hotel por hotel, es algo que tenemos en común todas las camareras de todo el Estado», señala. Las Kellys cuestionan especialmente que se establezcan objetivos rígidos de habitaciones sin tener en cuenta las características de cada una. No es lo mismo, explican, limpiar una habitación que se encuentra prácticamente recogida que otra en la que es necesario realizar una limpieza mucho más profunda.

    De hecho, según relata Yolanda, «puedes entrar en una habitación donde, con suerte, está bastante recogida, los clientes son cívicos, no tienen todo por el medio y puede estar a 15 minutos, y puedes entrar en una habitación donde necesitas una hora».

    Es por ello que reclaman que las empresas tengan en cuenta el tiempo real necesario para realizar las tareas y que la trabajadora no sea considerada responsable cuando no consigue terminar todo el parte de trabajo dentro de su jornada. «Te dan un parte de trabajo y ahí te las apañas como puedas. Ahí tienes 22, 23, 24 habitaciones y tú ya, si no puedes comer, no puedes ir al aseo, no puedes respirar, es tu problema, pero tú lo tienes que terminar», denuncia.

    García recuerda además que los contratos laborales establecen una jornada determinada, pero no necesariamente una obligación de completar un número concreto de habitaciones independientemente del tiempo disponible. «En los contratos no pone que yo esté obligada a hacer 25 habitaciones o 20. Pone de siete a tres, de nueve a cinco», explica.

    Por este motivo, considera que si al finalizar la jornada quedan habitaciones pendientes, la solución debería pasar por una mejor organización del trabajo y por contar con más personal cuando sea necesario. «Si te han quedado dos habitaciones, organicen ustedes mejor el trabajo, metan más personal, organícenlo de otra manera para que yo no sea la responsable de no poder terminar a tiempo», reclama.

    Reclaman el reconocimiento de las enfermedades profesionales y una prevención real de riesgos laborales

    Otro de los grandes problemas que denuncian las Kellys es el reconocimiento de las enfermedades y lesiones derivadas de su actividad profesional.

    La portavoz de las trabajadoras en Benidorm explica que muchas camareras de piso terminan desarrollando problemas musculares después de años realizando tareas físicamente exigentes. Sin embargo, aseguran que en numerosas ocasiones estas dolencias no son consideradas enfermedades profesionales.

    García pone especialmente el foco en las trabajadoras de mayor edad. «Cantidad de compañeras que tenemos más de 50 años vamos por dolencias musculares, por ciáticas, y nos dicen que eso es derivado de la edad. Como eres mayor, eso es normal», relata. Esta situación, según explica, obliga en algunos casos a las trabajadoras a recurrir a reclamaciones y denuncias para conseguir que se reconozca el origen laboral de sus lesiones.

    Las Kellys señalan así a distintos actores dentro de este proceso. Por un lado, las mutuas y el Instituto Nacional de la Seguridad Social, en relación con el reconocimiento de las enfermedades, y por otro, las empresas y patronales, a las que responsabilizan de garantizar que se cumplan las medidas de prevención de riesgos laborales. «En el tema de las enfermedades profesionales nos topamos con las mutuas de trabajo, que no nos reconocen como tal», afirma García.

    La prevención de riesgos laborales es otra de las reivindicaciones históricas del colectivo. Las Kellys consideran que no basta con que las empresas dispongan de planes preventivos, sino que estos deben aplicarse realmente y adaptarse a las características del trabajo que realizan las camareras de piso.

    Para García, una parte fundamental del problema está precisamente en la organización de las jornadas y en la cantidad de trabajo que se asigna a cada empleada. Las trabajadoras sostienen que la prevención debe evitar que una persona tenga que elegir entre cumplir con su parte de trabajo o respetar sus descansos y necesidades básicas durante la jornada.

    La jubilación anticipada, otra de sus reivindicaciones

    Las Kellys también quieren acogerse a la posibilidad de una jubilación anticipada para aquellas profesiones consideradas especialmente penosas. García recuerda que el Gobierno ha planteado un mecanismo para que determinadas profesiones puedan acceder a este tipo de jubilación y reclama que las camareras de piso sean incluidas. «Ahora nos sumamos también a poder acogernos a la jubilación anticipada con el real decreto que presentó el Gobierno, a ver si nuestra profesión se puede adherir a esa jubilación anticipada», explica.

    La portavoz considera que el desgaste acumulado durante décadas de trabajo hace muy difícil llegar a la edad ordinaria de jubilación en buenas condiciones físicas. «A los 67, todas vamos a llegar rotas, mucho antes», advierte.

    La situación laboral de las camareras de piso también está condicionada por las diferencias entre los convenios colectivos de cada comunidad y provincia. García pone como ejemplo Baleares, donde considera que existe uno de los convenios de hostelería más favorables para el colectivo. Además, señala que en esta comunidad se han incorporado a la legislación turística medidas relacionadas con la mejora de los medios de trabajo.

    Entre ellas destaca la instalación de camas elevables y carros motorizados, una reivindicación relacionada con el peso que deben mover las camareras de piso durante sus jornadas. «Esos carros pesan más de 100 kilos cargados de sábanas, toallas y productos que arrastramos las camareras de pisos por los pasillos», explica.

    La portavoz considera que estas diferencias muestran que existen avances en determinados territorios, pero insiste en que hay reivindicaciones que deberían abordarse de manera conjunta en todo el país. Otro de los asuntos que las Kellys han denunciado históricamente es la subcontratación del servicio de limpieza de habitaciones. García explica que en Benidorm actualmente son pocos los hoteles que recurren a este modelo, aunque reconoce que hubo una época en la que tuvo una mayor presencia.

    A su juicio, la experiencia ha demostrado que la externalización puede perjudicar tanto a las condiciones laborales como a la calidad del servicio. «Al final los hoteles se terminan dando cuenta de que es un absurdo subcontratar las condiciones de los hoteles, porque la limpieza empeora y las condiciones de las trabajadoras también», afirma.

    Sin embargo, asegura que en otros puntos de la provincia y de la Comunitat Valenciana la situación es diferente y que la externalización continúa siendo una realidad para muchas trabajadoras.

    El cambio del turismo también aumenta las tareas

    La transformación del modelo turístico ha introducido además nuevos retos para las camareras de piso. La expansión de apartamentos turísticos, complejos vacacionales y alojamientos con habitaciones de mayores dimensiones ha hecho que las tareas sean cada vez más complejas.

    García explica que las habitaciones actuales cuentan con más superficies y elementos que requieren limpieza. Las antiguas habitaciones, señala, eran más sencillas, mientras que actualmente las trabajadoras tienen que enfrentarse a cristales, grandes mamparas, espejos y otros elementos. «Antes un hotel tenía sus dos camitas, sus mesitas y poco más. Ahora las habitaciones se han modernizado», señala.

    El problema se agrava en los apartamentos turísticos, donde la limpieza puede incluir no solo dormitorios y baños, sino también cocinas y otras zonas de la vivienda. «Imagínate que te manden a hacer 14 apartamentos o 12 apartamentos en ocho horas. ¿Cómo los haces? Con su cocina y todo», plantea. Por eso, las Kellys reclaman que no se establezca una ratio fija de habitaciones que deba cumplirse independientemente de las características del alojamiento.

    Una posible huelga que todavía no tiene fecha y asambleas a partir de septiembre

    A pesar de que la posibilidad de una huelga estatal ya está sobre la mesa, todavía no existe una fecha concreta para el paro. García explica que las asociaciones de Kellys no pueden convocar directamente una huelga y que, por este motivo, están contactando con sindicatos de ámbito nacional para conocer su disposición a respaldar la movilización. «Vamos a empezar a mantener reuniones con los sindicatos a nivel nacional. Ya se les han mandado correos a todos para que expliquen si nos apoyarían o no», explica.

    Según la portavoz, algunos sindicatos ya han mostrado su disposición a respaldar las reivindicaciones y podrían ser quienes formalmente convocasen la huelga. Pero antes de llegar a ese punto, las Kellys quieren desarrollar una campaña informativa entre las propias trabajadoras para explicar cuáles son sus reivindicaciones y qué supondría participar en una movilización estatal.

    Las primeras asambleas están previstas para principios de septiembre. El objetivo será informar a las trabajadoras de los puntos que consideran prioritarios y preparar una posible negociación.

    García considera fundamental que las camareras de piso conozcan previamente las reivindicaciones y sean conscientes del alcance de una eventual huelga. «Si se convoca una huelga y ninguna trabajadora es consciente, no le explican nada en el hotel, es a los delegados», señala.

    Por ello, el colectivo quiere que las primeras semanas de septiembre sirvan para organizar a las trabajadoras y definir las demandas que deberían formar parte de una futura negociación. «Una huelga tú no puedes decir ‘me voy a la huelga’; tienes que exigir unos puntos de negociación», recalca.

    En este sentido, las Kellys todavía no han decidido si, en caso de convocarse la huelga, esta tendría una duración de un día o se prolongaría durante varias jornadas. García reconoce que todavía es pronto para hablar de fechas y duración, pero considera que incluso un solo día de paro tendría una repercusión importante en el sector turístico. «Si consiguiéramos parar, aunque solo sea un día y que se parara todo, yo no te digo 22, sino todas las que queremos parar, somos más de 200.000 camareras en todo el Estado español», afirma.

    La posible movilización supondría así un nuevo paso en las reivindicaciones de un colectivo que lleva más de una década reclamando mejores condiciones laborales. Las Kellys de Benidorm se suman ahora a un movimiento que busca coordinar a trabajadoras de diferentes puntos de España para llevar sus demandas a una negociación de ámbito estatal.

    El objetivo, según Yolanda García, es que las condiciones laborales y la salud de las camareras de piso dejen de quedar condicionadas por el número de habitaciones asignadas y por ritmos de trabajo que consideran incompatibles con una actividad segura y sostenible a largo plazo.

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