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    «Basta ya, la salud no se negocia»: las camareras de piso de un hotel de Benidorm dicen no a la precariedad

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    El hartazgo acumulado durante más de un año de promesas incumplidas y condiciones laborales que califican de «inhumanas» ha llevado a las camareras de piso de un hotel de la cadena Meliá en Benidorm a convocar una concentración de protesta. 

    Será este jueves, a las puertas del establecimiento, y pretende convertirse en el primer paso de una movilización que podría extenderse a otros hoteles de la Costa Blanca.

    El conflicto no es nuevo. Según denuncian los representantes sindicales, llevan desde principios de año solicitando a la dirección del hotel que se realice una medición de las cargas de trabajo, herramienta básica para comprobar de manera objetiva si existe sobrecarga laboral. 

    La petición, aseguran, nunca fue atendida. «Es algo sencillo: medir cuánto tarda una trabajadora joven, una de mediana edad y otra mayor en limpiar habitaciones a distintas horas de la jornada y calcular la media. Está inventado y funciona, pero no interesa porque los resultados no les convienen», apunta a Radio Sirena Cope, Michel Martín, secretario general provincial de Hostelería en UGT.

    Jornadas imposibles y vidas rotas

    El relato de las trabajadoras y sus representantes describe una situación límite. Cada camarera de piso tiene asignadas una media de 26 habitaciones al día, con apenas 15 minutos para preparar cada una de ellas. El volumen no distingue entre estancias de entrada, salida o en uso, ni entre ocupaciones de dos, tres o hasta seis personas.

    «Es inasumible. Y si falta alguna compañera por baja, esas habitaciones se reparten entre las demás, pudiendo llegar a 30 por persona», explica la camarera de piso y representante del comité de empresa, Adelaida Rodríguez.

    Las consecuencias son devastadoras: jornadas que superan con frecuencia el horario estipulado, imposibilidad de disfrutar de descansos, violación del descanso legal de 12 horas entre turnos y una vida personal reducida a la nada. «Las mujeres terminan tan agotadas que solo pueden llegar a casa y acostarse. No hay tiempo para hijos, pareja ni para ellas mismas», denuncia el sindicato.

    La situación ha provocado una ola de bajas médicas por problemas físicos derivados de la sobrecarga. «Hay entre 18 y 20 trabajadoras de baja, con una media de dos meses y medio de recuperación. Y aún así la empresa no cubre esas ausencias ni cumple con el complemento salarial que marca el convenio», añade Rodríguez.

    «Las verdaderas estrellas» olvidadas

    La indignación se acentúa cuando, desde la patronal, se ensalza públicamente la labor de las camareras de piso como «las verdaderas estrellas de los hoteles». Para las trabajadoras, estas palabras son puro marketing: «Nos llaman estrellas, pero nos explotan. Nos contratan seis horas para evitar que tengamos derecho a la media hora de descanso, pero luego nos dan la misma carga que en ocho horas. Terminamos quedándonos hasta las ocho de la tarde y, con suerte, nos pagan esas horas a la mitad de lo que correspondería», denuncia otra de las camareras de piso y representante del comité de empresa, Lorena Barco.

    El contraste entre las exigencias de calidad que impone una marca como Meliá, habitaciones con cafeteras, albornoces y múltiples extras y la falta de condiciones dignas para quienes deben garantizar ese nivel es otro de los elementos más criticados. «Se cobra más por habitación, el turismo paga cada vez más, pero las cargas de trabajo se incrementan en lugar de aliviarse. Es un sinsentido: más ingresos, más presión y menos derechos», denuncia el comité.

    Del diálogo roto a la movilización

    Durante el último año, las negociaciones con la dirección del hotel se han sucedido sin resultados. La última reunión, celebrada en julio, ha dejado «buenas palabras” pero ninguna medida concreta. «Han aprovechado el verano para seguir apretando. Se les ha acabado el tiempo», remarcan desde UGT.

    Por ello, las trabajadoras han decidido pasar de la mesa de diálogo a la calle. El jueves, a las 16:00 horas, se concentrarán en la entrada del hotel Sol Meliá Pelicanos-Ocas como primer acto de protesta. «Será el inicio de algo mayor. Si no hay soluciones reales y sobre la mesa antes de diciembre, extenderemos las movilizaciones a otros hoteles de Benidorm, Torrevieja, Calpe, Dénia y toda la provincia de Alicante. No vamos a esperar al próximo verano para que nos hagan lo mismo otra vez».

    El trasfondo: turismo y precariedad

    La protesta pone sobre la mesa un debate más amplio: el del modelo turístico español y la precarización de quienes lo sostienen. «Se llenan la boca diciendo que el turismo es el motor de nuestra economía, pero el motor está gripado. Las plantillas se están rompiendo, la gente no quiere trabajar en hostelería porque ya no es una profesión atractiva, ni en condiciones ni en salarios. Estamos perdiendo profesionales porque lo que ofrecemos es sobreexplotación a cambio de 1.200 euros al mes», lamentan los sindicatos.

    Los portavoces advierten de que, de seguir así, la propia calidad del destino turístico podría verse comprometida. «Un cliente que paga 250 o 300 euros por noche exige un servicio de calidad. Si las trabajadoras no pueden con la carga, ese servicio no se garantiza. Y el problema se volverá contra la propia industria que ahora solo piensa en números».

    La situación podría dar un giro antes del jueves. Desde UGT creen que la presión mediática y la imagen de la cadena Meliá están en juego. «En Mallorca, hace unos años, una protesta similar se resolvió en un día porque la empresa no podía permitirse ese daño reputacional. Es probable que desde la central intervengan para frenar la concentración. Pero eso no quita que hayamos perdido un año entero y un verano insufrible por la pasividad de la dirección local».

    Las trabajadoras insisten en que no piden más salario ni privilegios, sino algo mucho más básico: salud. «Aquí no hay nada que negociar. La salud no se negocia. Queremos un trabajo digno, con cargas asumibles, con descansos legales y con posibilidad de tener vida fuera del hotel. Nada más», subrayan, Adelaida Rodríguez y Lorena Barco, camareras de piso y representantes del comité de empresa.

    El jueves, serán altavoz. «Si no paran ellas, pararemos nosotros. Porque no podemos permitir que se siga maltratando a las camareras de piso, las trabajadoras invisibles de un sector que presume de excelencia mientras exprime hasta el límite a quienes lo sostienen», exige el secretario general provincial de Hostelería en UGT.

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