El frío se filtra entre los rincones de Benidorm. Las primeras luces del día revelan figuras abrigadas sobre cartones, buscando un refugio donde pasar las horas o a veces en una manta doblada junto a un portal.
La vida en la calle no es solo una consecuencia de la mala suerte; es el resultado de múltiples factores que confluyen, creando una realidad compleja para quienes la viven a diario. La imagen es incómoda. Interpela. Y despierta una pregunta que muchos ciudadanos se hacen: ¿qué debo hacer?
Ese ha sido el punto de partida en Mediodía Radio Sirena que se ha dedicado al sinhogarismo donde Policía Local y Servicios Sociales de Benidorm han desgranado una realidad compleja, creciente y, sobre todo, profundamente humana.
«El sinhogarismo es una realidad social que va en aumento», ha advertido el portavoz de la Policía Local de Benidorm, Quique Tortosa. Los datos nacionales lo respaldan: «En 2023 había en España unas 23.000 personas en situación de calle. En 2025-2026 estamos hablando de 33.000. Es un fenómeno que está creciendo y con el que tenemos que contar».
Pero tras la cifra hay historias distintas. «Es multifactorial», insiste. «No todas las personas que están en la calle lo están por el mismo motivo ni se encuentran en la misma situación».
En Benidorm no existe un perfil único. Hay hombres —la mayoría—, mujeres, personas jóvenes y otras de mediana edad. De hecho, un dato rompe el estereotipo habitual: el 50% tiene menos de 45 años. El 75% son hombres y el 25% mujeres. Y muchos arrastran más de tres años en la calle.
La buena voluntad, explicaban en los micrófonos de Mediodía Radio Sirena, puede ser insuficiente si no va acompañada de conocimiento. ¿Qué hacer cuando vemos a alguien durmiendo en la vía pública? ¿Cuando intuimos que necesita ayuda médica o social?. La respuesta institucional es clara: «Lo más prudente siempre es llamar a la Policía Local o a Servicios Sociales. Que seamos nosotros quienes hagamos la primera intervención», explica Tortosa.
El motivo no es burocrático, sino práctico. Puede tratarse de una persona con la que ya se esté interviniendo, o de un caso que requiera recursos específicos. Una actuación individual, por bienintencionada que sea, puede no resolver el problema o incluso complicarlo.
Cómo actúan los Servicios Sociales
Desde la Concejalía de Bienestar Social, el director del Centro Social José Llorca, Lorenzo Medina, ha detallado el engranaje interno que se activa tras un aviso ciudadano.
«Lo primero que hacemos es comprobar si esa persona ya está en nuestra base de datos. Si se está trabajando con ella, se continúa la intervención. Si es un caso nuevo, el trabajador social de la zona hace una valoración y se determina el recurso adecuado».
Benidorm está dividida por zonas sociales, y la referencia se establece según el lugar donde la persona duerme habitualmente. Además, el contacto no siempre parte de la Policía. Cruz Roja, Cáritas, parroquias, mezquitas y otras entidades derivan casos de manera habitual.
Un programa clave es el de duchas en el Centro Social José Llorca. «Muchos primeros contactos se producen ahí. Ofrecemos duchas a personas sin hogar o transeúntes. Cuando detectamos que alguien repite y no es un caso puntual de tránsito, se le deriva al trabajador social», explicaba Medina.

No todo el que está en la calle es «sin hogar»
Una de las confusiones más frecuentes es identificar a toda persona que pasa el día en la calle como alguien sin vivienda. «No todo lo que se ve en la calle son personas sin hogar», subraya Medina. «Hay personas que pasan muchas horas fuera, pero por la noche regresan a una vivienda». Aun así, la coordinación entre Policía y Servicios Sociales es diaria. «Cada mañana se envían los informes. El feedback es constante», señala Tortosa.
«Algunos rechazan nuestros recursos, porque prefieren mantenerse en la calle o trasladarse a otra ciudad más cálida», explica Lorenzo Medina. También, subraya que «Respetamos su decisión, aunque siempre les mantenemos informados de las opciones disponibles».
En este contexto, tocamos las puertas al acceso a la vivienda que se convierte en un desafío mayúsculo. «En Benidorm, los precios del alquiler son prohibitivos: una habitación puede costar 800 o 900 euros, mientras que incluso con ayudas sociales, conseguir un lugar digno sigue siendo complicado», comenta Tortosa.
Muchos de los que viven en la calle reciben algún tipo de prestación, desde la Renta Valenciana de Inclusión hasta pensiones contributivas o no contributivas, pero el mercado inmobiliario limita sus posibilidades de salir de la calle. «Hemos intentado buscar alternativas en otros municipios, con alquileres más bajos, pero la mayoría prefiere quedarse aquí, por familiaridad o por la red de apoyo que encuentran en la ciudad», añade Medina.
No todos los problemas se reducen a la falta de recursos. En algunos casos, hay personas atrapadas en situaciones de explotación, ya sea laboral, familiar o por redes que se aprovechan de su vulnerabilidad. «Recuerdo un caso de una persona que había sido obligada por su hermano a mendigar y necesitaba regresar a su país de origen. La intervención tuvo que hacerse con discreción y coordinación con las autoridades», recuerda Tortosa. Este tipo de situaciones, aunque puntuales, evidencian la fragilidad de muchas personas sin hogar, especialmente aquellas con problemas de salud mental, adicciones o dependencia de sustancias.
«La calle no debería ser el destino final de nadie»
El trabajo conjunto entre la Policía Local y los servicios sociales es constante y meticuloso. Los equipos realizan recorridos diarios por las zonas más concurridas, entregan información, facilitan acceso a duchas y alimentos, y ofrecen alojamiento temporal en épocas de frío extremo. «Durante la ola de frío, en Navidad, activamos medidas de urgencia. A veces conseguimos plazas en hoteles para quienes lo aceptan, y para los que no, reforzamos la atención en los centros sociales», explica Medina.
La situación es heterogénea: según los datos locales, el 75% de las personas sin hogar son hombres, y el 50% tienen menos de 45 años. Aproximadamente la mitad de ellos lleva más de tres años viviendo en la calle. «Cada persona tiene su historia, sus motivos y sus obstáculos. No hay un perfil único; el sinhogarismo es diverso y multifactorial», subraya Tortosa.
Para aquellos que detecten a personas en situación de calle y quieran ayudar, los contactos disponibles en Benidorm son: Policía Local (96 680 0931), Concejalía de Bienestar Social (96 680 0931) y Centro Social José Llorca (96 586 7071). La implicación ciudadana es clave para que estas historias tengan un final diferente, más humano y seguro.
Pérdida de empleo, ruptura familiar, enfermedad, adicciones o simplemente la imposibilidad de acceder a una vivienda pueden desencadenar un efecto domino. Frente a esas realidades, el mensaje institucional es claro: ni indiferencia ni intervención improvisada. Información y coordinación. Porque detrás de cada manta en un banco hay una historia. Y porque ayudar, en estos casos, empieza por saber a quién llamar.
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