Luces apagadas, sombras alargadas, linternas en mano y velas encendidas. El gran apagón vivido la noche del 28 de abril sorprendió a miles de hogares en la Marina Baixa, sacando de los cajones todo aquello que alguna vez se guardó «por si acaso».
Un corte eléctrico masivo que no solo dejó a oscuras viviendas, calles y comercios, sino también instalaciones críticas como el hospital comarcal. Aunque la mayoría de ciudadanos afrontó la situación con resignación y recursos improvisados, la preocupación creció especialmente en espacios esenciales como centros de salud y hospitales.
En el Hospital de la Marina Baixa, la falta de suministro eléctrico evidenció la necesidad constante de prevención y capacidad de respuesta rápida. En este contexto, cobró especial relevancia el papel de empresas especializadas como Krill Generadores, con sede en Altea, que fue clave para mantener en funcionamiento los equipos médicos y garantizar la atención sanitaria de urgencias.
Krill Generadores cuenta con delegaciones en toda España, lo que le permite operar a nivel nacional. Durante el apagón, la compañía recibió el refuerzo de sus sedes en Barcelona, Castellón y Zaragoza. Aunque su delegación central se encuentra en Alicante, sus instalaciones principales están ubicadas en La Nucia. En el ámbito más cercano, sus generadores suministraron energía a hospitales de Orihuela, Alcoy, Alzira, Villajoyosa y al Hospital General de Alicante.
«Contar con generadores de respaldo no es solo una cuestión técnica, es una cuestión de seguridad vital», señaló Jesús Álvarez, CEO de la compañía, quien también destacó que sus generadores mantuvieron en funcionamiento a Radio Sirena Cope, además de suministrar energía a los hospitales mencionados.
Un punto crítico de la operación fue garantizar el servicio en el Centro de Emergencias, donde se reciben las llamadas del 112, para evitar que se quedara sin electricidad y no pudieran atender a la ciudadanía.
Además, se atendieron las subestaciones, siendo 14 en total. Estas subestaciones reciben la electricidad de la red eléctrica española, y Benidorm cuenta con dos de ellas. Las subestaciones están equipadas con sistemas electrónicos de control con mayor autonomía, pero tras seis horas sin suministro, existía el riesgo de que estos sistemas se quedaran sin energía, lo que podría haber afectado su operatividad, incluso si la red eléctrica se restablecía.
El apagón, cuya causa sigue bajo investigación por parte de las autoridades, afectó a varias localidades de la comarca durante varias horas. En algunos puntos, el suministro se restableció de forma progresiva pasada la medianoche, aunque no sin antes dejar escenas propias de otros tiempos: conversaciones a la luz de una vela, vecinos compartiendo linternas, y el silencio inusual de una ciudad sin pantallas ni motores.
El apagón del 28 de abril no solo dejó a oscuras la Marina Baixa. También iluminó, de forma simbólica, la dependencia de la energía y la importancia de estar preparados, incluso en pleno siglo XXI.
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