La comarca de la Marina Baixa y, en general, el norte de la provincia de Alicante vive una situación cada vez más preocupante: la sobrepoblación de jabalíes.
Y que estos animales están dejando de ser habitantes exclusivos de la sierra para convertirse en visitantes habituales de zonas urbanizadas como Polop, La Nucía e incluso Benidorm.
Este fenómeno, conocido como “jabalí urbano”, no es nuevo, pero sí se ha intensificado en los últimos años. El hábitat natural de estos animales —las sierras y montes como la de Bernia o el Monte Ponoig, se ha visto reducido o desplazado por el abandono del campo, el crecimiento de áreas forestales y la falta de cultivos. En consecuencia, los jabalíes buscan comida y agua cerca de donde vive la gente: barrancos, urbanizaciones y huertos abandonados.
«Ya hay más jabalíes en los barrancos que en las montañas», explica un José Gabriel Fernández, guarda rural de Polop de la Marina, que ha atendido recientemente un atropello en la CV-70. «Esta madrugada, como pasa muchas veces entre las 6 y las 7, uno ha sido atropellado mientras bajaba de vuelta de las huertas hacia la sierra».
La reducción de cultivos de cereal, almendro o nispero y la infestación por la xylella han hecho desaparecer sus fuentes naturales de alimento. Hoy prefieren los cubos de basura, los restos de comida para perros o los frutales abandonados. La combinación de zonas verdes, agua y alimento en las inmediaciones de las urbanizaciones los convierte en un entorno ideal para ellos.
Pero este acercamiento trae consecuencias. Se han registrado numerosos accidentes de tráfico por colisiones con jabalíes, algunos muy graves. «Un jabalí de 70 kg puede convertir tu coche en siniestro total», alerta José Gabriel Fernández. Las carreteras de la zona, como la de Guadalest, han sido testigos de múltiples incidentes.
El riesgo para personas y mascotas
Además del peligro en carretera, también aumentan los conflictos con personas y mascotas. Aunque los jabalíes suelen evitar a los humanos, el fenómeno de habituación está cambiando su comportamiento. Las nuevas generaciones de jabalíes crecen acostumbradas a la presencia humana y no sienten la necesidad de huir. Incluso se han registrado casos de grupos entrando en zonas comerciales o paseando por calles residenciales al anochecer.
El problema se agrava con las hembras con crías, especialmente agresivas si sienten que sus rayones están en peligro. «No es raro que un perro curioso acabe gravemente herido o incluso muerto al acercarse demasiado», se advierte.
No alimentar a los jabalíes, mantener los cubos de basura cerrados y no intentar acercarse a crías solas son algunas de las recomendaciones clave para evitar riesgos. «Si ves una cría sola, lo mejor es dejarla. La madre está cerca y volverá. Si hay peligro de tráfico, se debe llamar al 112, pero nunca cogerla ni llevársela», insisten los expertos.
¿Qué soluciones hay?
Actualmente, la única medida de control efectiva es la caza, pero muchas de las zonas donde habitan los jabalíes se consideran «zonas de seguridad» donde está prohibido el uso de armas de fuego. Esto ha obligado a explorar nuevas soluciones, como proyectos de caza con arco cerca de zonas habitadas, como ya se hizo en Altea.
Sin una gestión activa del territorio rural y forestal, el problema seguirá creciendo. El abandono de la agricultura ha sido identificado como una de las principales causas del fenómeno. Sin cultivos, sin gestión del monte, y con abundancia de alimento y refugio cerca de las casas, el jabalí urbano ha llegado para quedarse.
«Hemos convertido al jabalí en un vecino más, pero no debemos olvidar que sigue siendo un animal salvaje. Ni es Pumba, ni es un personaje de dibujos animados», concluye desde el cuerpo de seguridad ambiental.
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