La Marina Baixa continúa en estado de alerta por sequía a pesar de las lluvias registradas durante el invierno. Así lo ha explicado el director técnico del Consorcio de Aguas de la comarca, Jaime Berenguer en Mediodía Radio Sirena, quien asegura que, aunque la situación está controlada, el territorio arrastra un déficit hídrico importante y necesita nuevas infraestructuras para garantizar el suministro a largo plazo.
Según Berenguer, la Marina Baixa ha recogido alrededor de 290 litros por metro cuadrado en los últimos meses, una cifra significativa pero todavía insuficiente si se compara con un año pluviométrico normal. «Es aproximadamente la mitad del agua que suele caer en un año habitual», explica. Además, recuerda que el periodo 2023-2025 ha estado marcado por una sequía severa, que en algunos momentos llegó incluso a situación de emergencia.
Aun así, el responsable técnico quiso transmitir un mensaje de tranquilidad: el suministro de agua está garantizado gracias a aportes externos y a la gestión conjunta de recursos superficiales, subterráneos y reutilizados.
Infraestructuras antiguas y falta de almacenamiento
Uno de los principales problemas que afronta la Marina Baixa es la limitada capacidad de almacenamiento de agua. Las presas de Guadalest y Amadorio, pilares del sistema hídrico comarcal, fueron construidas en los años 60 y siguen siendo las infraestructuras principales.
Berenguer señala que, además de su antigüedad, ambos embalses sufren procesos de colmatación por sedimentos, lo que reduce su capacidad real de almacenamiento. A ello se suma que algunos elementos técnicos, como el desagüe de fondo de la presa de Guadalest, llevan décadas sin repararse, lo que dificulta la gestión del agua y la eliminación de sedimentos.
El Consorcio defiende que elevar un metro el nivel de las presas permitiría ganar entre 6 y 8 hectómetros cúbicos adicionales, una reserva clave para afrontar periodos secos.
El director técnico también ha explicado que determinadas normativas han reducido la cantidad de agua aprovechable en los embalses. Tras la tragedia de Tous se implantaron los llamados «resguardos», límites que obligan a mantener parte del embalse vacío por seguridad. Además, los caudales ecológicos obligan a liberar agua para mantener flujo en los ríos, incluso en periodos en los que tradicionalmente permanecían secos.
En total, estas medidas suponen una reducción de hasta 12 hectómetros cúbicos de capacidad útil, según el Consorcio.
La desalación, clave para el futuro
Ante el crecimiento urbanístico y turístico de la comarca, Berenguer considera que el futuro pasa por recursos no convencionales, especialmente la desalación.
El Consorcio trabaja en dos proyectos:
- Una pequeña desaladora que recuperará derechos de una antigua instalación vinculada al parque temático de Benidorm y que podría estar operativa entre 2027 y 2028, con una capacidad aproximada de 6 hectómetros cúbicos.
- Una gran desaladora promovida por el Ministerio, prevista a largo plazo y considerada esencial para cubrir las necesidades hídricas hasta 2034.
Sin embargo, Berenguer lamenta la falta de inversiones estatales en la Marina Baixa durante los últimos 25 años, especialmente si se compara con el sur de la provincia de Alicante, donde se han construido varias desaladoras con financiación europea.
Agua garantizada, pero con desafíos
Berenguer también destaca el papel del agua regenerada. Actualmente, solo la mitad del agua tratada en la depuradora terciaria de Benidorm se reutiliza; el resto se vierte al mar. «Estamos hablando de hasta 10 hectómetros cúbicos que podrían destinarse a regadío y usos urbanos. Es un recurso infrautilizado y una asignatura pendiente para la comarca», señala, recordando la importancia de planificar infraestructuras sostenibles que permitan ahorrar agua potable.
El técnico añade que la relación con la Confederación Hidrográfica del Júcar ha sido complicada. «No estamos dentro de los favoritos. Mientras que en el sur de Alicante se han construido desaladoras con importantes fondos europeos, la Marina Baixa no ha recibido inversiones. Estamos planteando soluciones con la mano tendida al Ministerio, pero la realidad es que necesitamos una infraestructura que garantice nuestro futuro hídrico», afirma con contundencia.
A pesar de los problemas históricos y estructurales, Berenguer transmitió un mensaje de tranquilidad: «El agua está garantizada. Tenemos previstos seis hectómetros cúbicos de aportes externos si no llueve, y seguimos trabajando para aumentar la capacidad de almacenamiento y optimizar el uso de recursos regenerados”.
El desafío de la Marina Baixa combina historia, geografía y política. La escasez de agua no solo depende de la lluvia, sino también de la capacidad de almacenamiento, las inversiones históricas y la gestión de infraestructuras. Como concluyó Berenguer, «el futuro pasa por la desalación y por utilizar de manera eficiente cada recurso disponible. Solo así podremos garantizar que agua nunca falte, pese a los dolores de cabeza que puedan surgir en días de sequía».
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