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    De propietarios a huéspedes: dos ancianos viven en casa de su hija tras no poder recuperar su piso de Finestrat

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    Una pareja de 83 y 86 años continúa sin poder regresar a su vivienda de Finestrat, pese a ser sus propietarios. Según el diario El Mundo, el matrimonio, que quería pasar sus últimos años cerca del mar y la montaña por recomendación médica, vendió su casa habitual en Elda para trasladarse al inmueble alquilado. Sin embargo, el conflicto con sus inquilinos ha impedido que puedan cumplir sus planes y ahora viven en casa de su hija, en Petrer.

    Los padres de Elena compraron ambas viviendas con mucho esfuerzo a lo largo de su vida. En mayo de 2022 decidieron alquilar el piso de Finestrat a una pareja joven por una renta inicial de 400 euros mensuales, que aumentaría progresivamente hasta los 450 euros. Según la familia, el alquiler se fijó por debajo del precio habitual de la zona y la relación con los arrendatarios transcurrió con normalidad durante los primeros años.

    Dos intentos para recuperar la vivienda

    La situación cambió en 2024, cuando los propietarios comunicaron a los inquilinos que necesitaban recuperar el inmueble para vivir en él. Según relata Elena, la primera solicitud no prosperó porque, de acuerdo con los arrendatarios, el aviso se había realizado unos días fuera del plazo requerido.

    En 2025, la familia volvió a solicitar la vivienda con mayor antelación y explicó que el objetivo era que los ancianos pudieran trasladarse allí debido a su estado de salud. Sin embargo, los inquilinos tampoco aceptaron abandonar el piso.

    Ante esta situación, los propietarios acudieron a los tribunales. El juzgado desestimó la demanda al considerar que el contrato no recogía expresamente la necesidad de recuperar la vivienda y que no se habían acreditado suficientemente los motivos de salud alegados. La resolución también tuvo en cuenta que la venta de la vivienda de Elda se produjo después de presentar la demanda.

    La sentencia no es firme y la familia ha presentado un recurso. Ahora prevé aportar informes médicos para respaldar la necesidad de que los ancianos puedan trasladarse a Finestrat.

    Viven en casa de su hija mientras esperan una solución

    La situación resulta especialmente complicada por la edad y el estado de salud del matrimonio. El hombre, de 86 años, trabajó como ascensorista y tiene reconocido un grado II de dependencia, mientras que su mujer, de 83, padece fibromialgia. Según explica Elena, la única pensión que reciben es la de su padre.

    La familia vendió la vivienda de Elda con la intención de destinar parte del dinero a complementar sus ingresos y afrontar el coste de los cuidados que necesitan. Al no poder recuperar el piso de Finestrat, los ancianos se han instalado temporalmente en casa de su hija y su familia.

    El conflicto también ha supuesto un importante desembolso económico. Según Elena, sus padres acumulan cerca de 3.000 euros en gastos de abogados y el proceso les está pasando factura tanto económica como emocionalmente.

    Mientras esperan una nueva resolución judicial, su principal objetivo sigue siendo recuperar la vivienda que compraron con esfuerzo para pasar allí sus últimos años.

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