Desde Finestrat hasta Milán y Zúrich, la arquitecta Carla Ferrer se consolida como una de las voces emergentes de la arquitectura europea. Participa en la Bienal de Venecia, lidera proyectos urbanos complejos en Suiza e Italia, y firma una de las futuras infraestructuras públicas clave en su tierra natal.
La arquitectura no es solo cuestión de planos, estructuras y materiales. Es también una forma de hablar de las raíces, del futuro y de cómo habitamos el mundo. Así lo entiende Carla Ferrer, una arquitecta nacida en Benidorm, con raíces familiares en Finestrat y Sella, que hoy lidera proyectos urbanos de gran escala desde Milán y Zúrich, sin perder la conexión con su tierra.
«Para mí es un honor poder trabajar en un entorno que también es familiar. Poder volver más a menudo con la excusa del proyecto me hace especial ilusión», ha expresado Ferrer en una entrevista reciente, refiriéndose a su último proyecto en Finestrat, una infraestructura pública de nueva generación que se levantará sobre el solar donde antes se ubicaba la farmacia del pueblo.
De Harvard a Venecia: una carrera internacional con ADN mediterráneo
Formada en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Ferrer cursó posteriormente un máster en Urbanismo en la prestigiosa Universidad de Harvard. Tras su paso por Estados Unidos, se estableció en Milán donde fundó un despacho junto a un socio italiano. Desde allí trabajan también en Zúrich, donde actualmente residen.
A pesar del carácter internacional de su estudio, Ferrer no pierde de vista el papel de la arquitectura como herramienta para el desarrollo local. Su participación en la Bienal de Arquitectura de Venecia, como parte del equipo comisarial del pabellón español, es prueba de su reconocimiento profesional. «Una Bienal es una exposición que se celebra cada dos años, donde cada país presenta lo mejor de su arquitectura. Participar es una forma de dar visibilidad a un trabajo colectivo que muchas veces pasa desapercibido», señala.
En palabras de la propia Ferrer: «Estas plataformas permiten poner en valor muchas horas de esfuerzo, de estudio y de colaboración entre disciplinas, que normalmente no se ven. Y por eso, son tan importantes».
Un nuevo corazón para Finestrat: arquitectura del siglo XXI
El proyecto que Carla Ferrer lidera en Finestrat no es menor. Se trata de una infraestructura municipal que incluirá un aparcamiento semienterrado, un espacio polivalente para biblioteca o centro de formación, una zona de cafetería y una nueva plaza pública, muy demandada por los vecinos. Está ubicado cerca del casco histórico y del colegio del municipio, en una zona clave para la conexión urbana.
«Queremos que sea un edificio público del siglo XXI, con usos flexibles, abierto a la ciudadanía y capaz de adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad», explica Ferrer. La arquitectura que propone es, ante todo, moderna, sostenible y pensada para perdurar. «No se trata solo del gesto arquitectónico, sino de un trabajo colaborativo entre ingenieros, técnicos municipales y vecinos. Solo así los proyectos funcionan a largo plazo», afirma.
En un municipio como Finestrat, que carece de espacios abiertos amplios en su núcleo urbano, la creación de una nueva plaza es uno de los aspectos más valorados. «Es fundamental diseñar lugares para estar, no solo para pasar. En un pueblo donde faltan plazas, esta intervención puede convertirse en un nuevo punto de encuentro para los vecinos», destaca.
Ecología, urbanismo y detalle: arquitectura con conciencia
Ferrer y su equipo trabajan con una filosofía clara: la arquitectura debe ser sensible al contexto, ecológica y funcional. «Muchas veces se piensa que construir es solo levantar muros. Pero si no se planifica bien, por ejemplo, el arbolado o la sombra, ese espacio no funcionará. Especialmente ahora, con las altas temperaturas, necesitamos ciudades pensadas para el bienestar», advierte.
Con una visión meticulosa, su estudio aplica criterios paisajísticos y sostenibles a todos sus proyectos. En Suiza, por ejemplo, acaban de ganar un concurso para densificar un barrio existente sin demolerlo, duplicando su densidad y modernizando infraestructuras. «Es un reto técnico, pero también social y ecológico. Apostamos por un urbanismo que no expulsa, sino que se adapta y mejora lo que ya existe», explica Ferrer.
En paralelo, desarrollan una residencia de estudiantes en Bolonia y varios complejos residenciales en Milán, confirmando que su estudio es ya una referencia en el panorama europeo.
Benidorm como modelo: orgullo urbanístico más allá del tópico
Cuando se le pregunta por su vocación, Ferrer responde con naturalidad: «No sabría decir cuándo decidí ser arquitecta. Siempre me atrajo el diseño, la curiosidad por cómo se construyen las ciudades. Y crecí en Benidorm, que es en sí misma una gran lección de urbanismo».
Y no duda en defender el modelo urbano de su ciudad natal. «Benidorm ha sido criticada durante años por su altura o densidad, pero hoy es ejemplo internacional de ciudad compacta, diversa y caminable”, asegura. «En 15 minutos puedes llegar a todas partes, tiene espacios amplios, y funciona los 365 días del año. Quien lo niegue, entiende poco de urbanismo».
Desde su experiencia en Milán y Zúrich, Ferrer afirma que el modelo de ciudad densa, sostenible y eficiente es el camino para responder a los retos del futuro: «La diversidad urbana y la mezcla de usos hacen que una ciudad sea viva. Y Benidorm, en ese sentido, es pionera».
Una arquitecta con los pies en la tierra y la mirada en el futuro
A pesar de su éxito internacional, Carla Ferrer mantiene una visión realista y humilde sobre su trabajo. «La arquitectura no es un capricho estético, es una responsabilidad social», afirma. Por eso defiende un enfoque colaborativo, en contacto con el territorio y los agentes locales. «Cada nuevo proyecto en una ciudad distinta es un reto: tienes que aprender cómo se construye allí, qué normativas se aplican, y con qué actores vas a trabajar».
La creatividad, asegura, debe ir siempre acompañada de realismo: «Delante del ordenador uno puede diseñar lo que quiera, pero si queremos que los proyectos funcionen de verdad, hay que bajar la avellana del papel a la tierra», bromea.
Con una carrera que no para de crecer, Carla Ferrer representa una generación de arquitectos con visión internacional y compromiso local. Un perfil que entiende que construir no es solo levantar edificios, sino también crear comunidad, imaginar futuros y cuidar del lugar del que uno viene. Y si ese lugar es Finestrat, mejor todavía.
Más noticias en www.radiosirena.es o en directo en el 98.9FM y 89.8FM.



