
Hace unos días leía en alguna parte que, los que beben vino, viven más tiempo y más felices. Y esa aseveración no se refería únicamente al vino como líquido alimento, sino a que la mayoría de las veces en que bebemos vino lo hacemos en compañía de otras personas y eso propicia la relación con la gente y el sentirse acompañado. Creo que eso es cierto (también se podría decir de la cerveza, del café o de un gin tonic). La semana pasada, Tramontana clausuró una exposición de pintura en la Casa del Fester. Habían participado más de treinta artistas aficionados, pero de un gran nivel. Por circunstancias de la organización, yo me pasaba las horas vigilando la exposición e informando a los visitantes. Pues bien, en dos semanas, he entablado conversación con más de cien personas (los artistas, miembros de Tramontana y visitantes). Y no bebíamos más que agua debido al calor. A muchas personas no las conocía, pero a otras no: gente muy interesante, de todas las regiones de España, muchos inmigrantes de tiempos pasados, otros de Benidorm y Comarca. Me contaban sus vidas: causas de su venida a Benidorm, aspectos familiares y vicisitudes de su vida laboral. En general, gente entrañable, deseosa de vivir, hacer cosas y “pegar la hebra” (=entablar conversación). Todo ello me ha enriquecido enormemente: conocer personas, saber de sus vidas, comprenderlas… y pasar buenos ratos. Eso es lo que importa; y si, al mismo al tiempo, bebemos vino, “miel sobre hojuelas”. Me sucede igual con las entrevistas que hago para el Calvari desde hace cinco años: he entrevistado a más de 300 personas, de cierta o mucha relevancia, del “poble” o de forasteros que llevan aquí cincuenta años colaborando para que Benidorm sea lo que es. He aprendido infinidad de cosas sobre Benidorm, sobre las circunstancias de todo tipo de profesionales que trabajan en nuestra ciudad. Eso también me ha enriquecido desde el punto de vista humano; y lo seguiré haciendo.
Manuel Palazón



