Hoy, 29 de octubre de 2025, se cumple un año de la DANA, una de las catástrofes más grandes que hemos vivido en nuestro país y que en su paso dejó consecuencias, que más allá de las pérdidas materiales, registró 229 víctimas mortales. Una tragedia que ya se encuentra en la memoria de todos los valencianos, y por la que numerosas poblaciones de la Comunitat Valenciana, no dudaron en sumarse a la ola de solidaridad, como es el caso de la Marina Baixa.
La DANA arrasó con hasta 89 municipios de la provincia de Valencia y afectó a viviendas, empresas, infraestructuras y caminos, que un año después, todavía intentan recomponerse de aquella tragedia. Concretamente, la magnitud del desastre quedó reflejado en el mapa de inundaciones elaborado por la Universitat de València, que cifra en 56.273 hectáreas, donde se encontraban miles de personas que vivieron momentos de auténtico terror: llamadas desesperadas pidiendo auxilio, agua que irrumpía en los pueblos sin aviso, vehículos arrastrados y familias enteras atrapadas en sus casas.
En Radio Sirena Cope hemos puesto el foco de atención en quienes fueron protagonistas de la solidaridad, aquellas personas que no dudaron en salir a ayudar cuando la oscuridad y la inundación lo cubrían todo. Desde vecinos que organizaron brigadas de apoyo hasta voluntarios que trasladaron víveres y medicinas.
La historia del 29 de octubre de 2024, y las semanas posteriores, está llena de gestos que demostraron que, incluso en las circunstancias más extremas, la humanidad puede brillar.
Solidaridad que traspasa fronteras: el testimonio de los voluntarios
Fueron muchos los vecinos de la Marina Baixa que se desplazaron hasta las zonas más castigadas para ofrecer su ayuda. Entre ellos, Lorenzo Muñoz y Rocío García, quienes relataron a Radio Sirena Cope cómo vivieron aquellos días y cómo la unión entre ciudadanos logró devolver un atisbo de esperanza.
Lorenzo, natural de Altea, viajó hasta Sedaví, donde un familiar suyo perdió la vida, atrapado por la riada que arrasó su vivienda. «El agua alcanzaba metro y medio de altura, y la casa estaba cubierta de barro: cajones, cuadros… todo», recuerda. Junto a un grupo de quince personas trabajó sin descanso en las tareas de limpieza, enfrentándose a la devastación de un pueblo entero anegado. «La situación era desesperante; los momentos de descanso eran para llorar», confiesa.
Para él, la experiencia dejó una lección imborrable: «Es importante recordar lo que pasó y cómo el pueblo, casi por sí solo, logró salir adelante. Aún quedan muchos problemas sin resolver, y numerosas familias siguen luchando por recuperarse».
También Rocío, vecina de Villajoyosa, se desplazó a Catarroja junto a un grupo de voluntarios sin saber muy bien cómo podrían ayudar. Al llegar, fueron conducidos a la parroquia del municipio, igualmente afectada por las inundaciones. Allí comenzaron a preparar bolsas de aseo para repartir entre los damnificados. Lo que empezó como una labor práctica, pensada para cubrir necesidades básicas, pronto se transformó en algo más profundo: un espacio para compartir historias, desahogos y silencios.
Rocío comprendió entonces que la ayuda iba más allá de los objetos materiales. «En aquel momento —recuerda— las personas no solo necesitaban cosas, sino ser escuchadas».
116 camiones cargados de ayuda
La Marina Baixa se sumó —como otras muchas poblaciones— a la ola de solidaridad. En Benidorm, por ejemplo, se habilitó el Palau d’Esports, el cual se convirtió en el epicentro de la ayuda ciudadana, habilitado como punto de recogida de alimentos, ropa, medicamentos y productos de primera necesidad. En apenas horas, cientos de voluntarios, trabajadores municipales y vecinos convirtieron el recinto en un gran centro logístico humanitario.
El alcalde de Benidorm, Toni Pérez, recuerda a Radio Sirena Cope aquella movilización «sin límites» que permitió enviar 116 camiones cargados de ayuda y más de 470.000 euros en donaciones —a través de la campaña BenidormTedaMás— a las zonas más afectadas. «Desde el primer momento — explica — la ciudad respondió con una generosidad inmensa; fueron días de dolor, pero también de orgullo por el pueblo que somos». Pérez subraya que el dispositivo se mantuvo activo durante meses, atendiendo incluso peticiones específicas de municipios damnificados, cuerpos de seguridad y organizaciones sociales. «La solidaridad de Benidorm no fue un gesto puntual, sino un compromiso sostenido que mostró la conciencia y el corazón de toda una ciudad», finaliza.
Entre quienes se sumaron a esa ayuda estuvieron los efectivos de la Policía Local de Benidorm, que partieron hacia las zonas afectadas apenas un día después del desastre. Según recuerda el portavoz del cuerpo, Quique Tortosa, «el 30 de octubre ya estábamos en marcha con un primer convoy formado por más de treinta agentes y cinco vehículos, sin saber exactamente qué nos íbamos a encontrar».
Tortosa subraya que, más allá de la magnitud del desastre, lo que marcó a los efectivos fue la actitud de las personas. «Nosotros íbamos a ayudar, pero al final también recibíamos ayuda recíproca. La gente nos ofrecía agua, comida, su gratitud. Fue una experiencia profundamente humana».
Un año de memoria y solidaridad
Un año después, las imágenes y los recuerdos siguen vivos. La DANA dejó destrucción, dolor y pérdida, pero también puso de relieve la solidaridad, la cooperación y la resiliencia de quienes estuvieron allí para tender una mano. Las voces de quienes sufrieron y ayudaron siguen siendo un recordatorio de que, incluso en la peor de las tormentas, la unión y la generosidad pueden marcar la diferencia.
Hoy, recordar desde Radio Sirena Cope que aquel 29 de octubre no es solo revivir el dolor, sino también celebrar la humanidad que surgió en medio de la adversidad y mantener viva la memoria de todos los que no pueden contarlo.
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