
Más o menos así era el título y el tema de la magnifica conferencia que pronunció María Ángeles Valdivieso en el Foro de Agoraben hace unos días en la Casa del Fester. Explicó exhaustivamente la arquitectura religiosa y civil del románico español, situado al norte, por el Camino de Santiago, durante los siglo XI y siguientes. Con voz cálida y agradable iba desgranando las maravillas del románico y, de vez en cuando, nos preguntaba si nos emocionaba.. Ella misma se emocionó en algún momento, porque sentía lo que estaba contando. Lo que sí produjo en el numeroso público congregado fue el deseo de revivir o conocer el románico, las ganas de viajar al Norte y sentir en vivo lo que sentíamos durante la explicación. Al término de la conferencia y después de responder a cuantas preguntas se le hicieron, el presidente de Agoraben me comentaba, a la vista de muchas personas con muchos años encima: “Es admirable el ansia de aprender y de conocer nuevas cosas; y así debe ser, pues el que no siente ganas de explorar, de escuchar, de saber… puede significar que se le acabó la vida. No hay peor cosa que, una vez jubilada la persona, se siente en el sofá a ver la televisión, a dormitar y a ver pasar las horas”. Este es el motivo de mi artículo: lo admirable que es ver a personas de bastante edad que se apuntan a la Universidad de la Experiencia, que asisten a conferencias y a teatros, que se esfuerzan en aprender idiomas y siguen cursos de informática. Si a todo esto, lo acompañamos con el ejercicio físico y socializamos con la gente, es la mejor manera de vivir más años y más sanamente. Lo dicen los psicólogos, y lo comparto plenamente. ¿Mis lectores están de acuerdo?
Manuel Palazón



