
No hay forma de que nos pongamos de acuerdo los españoles. Ni los partidos políticos. Hay cosas que no tienen importancia, como si preferimos la tortilla con cebolla o sin cebolla (Incluso es motivo de risa y cachondeo). Pero lo demás sí: antes fue si entrar en la OTAN o no, después el asunto separatista, en la actualidad si estamos a favor o en contra de los planes de Trump, y si compartimos que VOX negocie con el PP. Pero lo que más me llama la atención ahora es el plan del gobierno de regularizar a cientos de miles de emigrantes, algo que tiene cosas buenas y consecuencias impredecibles, y no solo a nivel nacional sino a nivel de toda Europa. Y sistemáticamente, lo que propone el PSOE es vetado por el PP (también sería lo contrario, llegado el caso). Los emigrantes que vienen de países de habla española tienen la ventaja de que ya dominan el idioma. Pero, ¿y los que proceden de otros países? No habría que empezar “exigiéndoles” que aprendan algo de la lengua del país que los acoge?(Bueno, esa es otra: en las escuelas de idiomas están limitando la enseñanza del español para extranjeros (por lo menos en Benidorm). En cuanto a los trámites que tienen que seguir, son difíciles e interminables; en las ventanillas correspondientes les ponen mil y una pegas (el “vuelva usted mañana”, de Larra) y cuestionan la eficiencia de los traductores jurados. Alguien ha llegado a decir que estos obstáculos suceden en comunidades y ayuntamientos que gobierna el PP; sinceramente, no lo creo. Lo que pasa es que hay mucho funcionario inepto e intransigente. Y no hablemos ya de la “prioridad nacional”, otro tema de enconada discusión y que daría lugar a muchos debates. Señores, pónganse de acuerdo, siéntense a negociar, no mareen al ciudadano, eviten el banquillo por la corrupción que está a la orden del día… Y bájense los sueldos (me refiero a los políticos beligerantes que, entre salarios, extras y dietas daría para evitar la pobreza de nuestro país.
Manuel Palazón



