El teatro tiene la capacidad de rescatar voces que quedaron atrapadas en el tiempo. Eso es precisamente lo que propone «Poncia», una obra que nace del universo de Federico García Lorca y que pone en el centro a uno de los personajes más lúcidos y silenciados de La casa de Bernarda Alba.
Este sábado 25 de abril a las 20:00 horas, el Palau Altea acoge la representación protagonizada por Lolita Flores, en una cita que combina memoria, emoción y reivindicación.
La obra, dirigida por Luis Luque, no es una adaptación convencional, sino una pieza que se sitúa después del final de la tragedia original. La acción comienza tras la muerte de Adela, cuando Poncia, la criada que ha sido testigo de todo, decide por fin hablar. Lo que en el texto de Lorca eran insinuaciones y miradas, aquí se transforma en un relato directo, crudo y profundamente humano.
Durante su entrevista en Mediodía Radio Sirena, Lolita Flores se ha mostrado cercana, espontánea y reflexiva. Entre su ritmo de vida, la actriz ha dejado claro que este papel tiene un significado especial en su carrera. «Lo llevo muy dentro desde siempre», confesó, recordando cómo su madre le leía a Lorca cuando era niña. Ese vínculo temprano con el autor granadino ha marcado su forma de entender el personaje.
«Para mí ha sido un honor», afirma, subrayando que Poncia no es solo un papel, sino una oportunidad para dar voz a una figura que ya en la obra original mostraba una fuerte conciencia crítica. En esta versión, esa intuición se convierte en denuncia abierta. «Habla de la falta de amor, de empatía, de comunicación… de muchas cosas que siguen pasando hoy», explica.
Cómo nace la propuesta
La actriz ha relatado también cómo surgió el proyecto, casi de manera improvisada, tras una llamada del director Luis Luque. «Me dijo: ‘¿Y si hacemos nuestra Poncia?’ y le contesté: ‘Pa’lante’». A partir de ese impulso inicial, el montaje ha ido creciendo hasta consolidarse como una de las propuestas teatrales más destacadas de los últimos años, con un recorrido que comenzó en 2023 y que sigue sumando escenarios.
El monólogo, de duración contenida, ha logrado conectar con públicos muy diversos. Según la propia intérprete, uno de los puntos fuertes es su claridad: «Se entiende muy bien, y eso hace que la gente entre y salga tocada». La dureza del texto no impide que haya momentos de cercanía, incluso de cierta ironía, que refuerzan el carácter humano del personaje.
Entre los micrófonos de Radio Sirena también ha habido espacio para hablar de su carrera en general. Lolita ha reflexionado sobre la exigencia del oficio y la versatilidad que le ha permitido moverse entre el drama teatral y el entretenimiento televisivo.
«Hacemos lo que nos gusta, y eso ya es un privilegio», dijo, aludiendo a su participación en programas como Tu cara me suena, donde muestra una faceta completamente distinta a la que despliega sobre el escenario.
Esa dualidad, lejos de ser una contradicción, forma parte de su identidad artística. Mientras en televisión se permite jugar y reír, en Poncia se sumerge en una intensidad emocional que exige concentración y entrega. «Tengo la suerte de poder hacer ambas cosas», señala.

La mirada de Poncia
El contexto de la obra remite a una España marcada por la represión social y moral, pero su mensaje trasciende el tiempo. La mirada de Poncia permite revisar no solo el universo lorquiano, sino también ciertas dinámicas que siguen presentes. La jerarquía, el control, el miedo al qué dirán o la falta de libertad emocional son temas que resuenan con fuerza en el texto.
La cita en el Palau Altea se presenta, por tanto, como algo más que una representación teatral. Es una invitación a escuchar lo que durante años permaneció oculto. Sobre el escenario, sin embargo, todo se detiene. Solo queda una mujer, una historia y una verdad que ya no puede seguir callada.

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