
A menudo observo expresiones inapropiadas y vocablos incorrectos, no solo en la gente de la calle sino también en los medios de comunicación; en mi opinión, son fácilmente evitables.
Pongo algunos ejemplos solamente, por no hacer demasiado largo este artículo. “Bravo”, cuando se utiliza como interjección siempre es en masculino; luego no cabe felicitar a una mujer con la palabra “¡brava!” “Baix” es un vocablo en valenciano que significa bajo; pero mucha gente dice “bajo” en expresiones como “se encuentra bajo”, y hay que decir “se encuentra abajo”, en buen español.
No se dice “las miles de mujeres”, sino “los miles de mujeres” porque mil es masculino. Últimamente nos machacan con la palara rodalies, cuando en castellano es “cercanías”; ¿por qué utilizar una palabra catalana cuando estamos hablando en español? Lo mismo ocurre con “concellos”, que en español significa “municipios” (y el contexto donde aparece ese vocablo con está en gallego). Nunca que nunca he soportado es la expresión “para nada”, que se traduce correctamente por “en absoluto”. Dos palabras francesas que se nos han “colado” recientemente son “bol” y “baguette”; para la primera tenemos” tazón” o “cuenco”; para la segunda, tenemos “barra de pan”, y, si queremos, añadimos larga y fina.
Y del inglés hemos tomado la palabra tetrabrick (envase para leche o zumo), fácilmente traducible por “cartón”(que es una clara metonimia). A lo largo de nuestra historia, se nos han colado multitud de vocablos, así como nosotros hemos exportado algunos de los nuestros. Mi idea, objetivo o sugerencia es que nos resistamos a emplear palabras extranjeras. Ah, el último ejemplo, por el momento, que no tiene desgraciadamente marcha atrás: la palabra “imail” o simplemente “mail”, con lo bonito que es decir ”correo electrónico” o simplemente “correo”.
Manuel Palazón



