
Se oye continuamente en la televisión la palabra “migrantes”, que significa gente que se desplaza de un sitio para otro; cuando nos vamos del país se dice “emigrantes”; cuando vienen a nuestro país, hay que decir “inmigrantes” (eso es lo más adecuado, y no “migrantes”).
Otro vocablo evitable: “pendrive”, que a veces se acorta en simplemente “pen” (que suena mal además); en español, tendríamos que decir” lápiz de memoria”. Pero son palabras que se nos cuelan sin remedio (los culpables suelen ser los medios de comunicación), como “stand”, traducible por “puesto”; o “mánager”, vocablo totalmente aceptado, pero en español es “gestor”, “director” o “representante”; o “suite”, que significa “habitación doble” en un hotel; o “stock”, traducible por “existencias”; o “hot dog”, con lo bonita que es la expresión ”perrito caliente”.
En los medios educativos se está imponiendo “bullying” (¿por qué no empleamos “acoso”, y podemos añadir escolar, laboral, etc.). En el mundo del cine, para decir que una película ha sido “designada” o “seleccionada”, se empeñan en decir “nominada”; y para hablar del “adelanto de una trama” o “secreto desvelado” se ha impuesto la palabra “spoiler” (hay otro vocablo equivalente, pero suena mal: “destripe”).
Para terminar, por hoy, quiero referirme a la palabra inglesa “cutter”; la equivalente en español es “cortador” o “cortacartón”, entre otras. Y algo que he criticado más de una vez: ese empeño en decir, “chicos y chicas”, “padres y madres”, “todos y todas” (algo que se hace pesadísimo en un discurso) cuando la norma, y no por machismo, es emplear el masculino genérico, que incluye a ambos géneros; se especifica en expresiones como “voluntarios o voluntarias”, para indicar que también las mujeres entran, o la presentación en actos culturales: “Señores y señoras” o “Damas y caballeros”.
Manuel Palazón



