La reciente tragedia en Adamuz, donde un accidente ferroviario ya ha dejado 41 víctimas, ha conmocionado a la sociedad y despertado miedos cotidianos que muchos creían controlados.
El hecho, ocurrido el 18 de enero de 2026 y cuyas causas aún se investigan, se suma al recuerdo de otros grandes accidentes, desde el 11S hasta incidentes nacionales como el de Hispanair en 2008. La coincidencia con el Blue Monday, conocido como el lunes más triste del año, ha hecho que el golpe emocional sea aún más intenso para quienes escuchan las noticias con el corazón en un puño.
En Mediodía Radio Sirena, el programa ha abordado la cuestión con la psicóloga Bea Ramírez, quien ha explicado cómo nuestro cerebro responde ante tragedias de alta repercusión: «Se activa un mecanismo llamado heurístico de disponibilidad, un atajo que utiliza el cerebro para alertarnos de peligros que percibimos cercanos, aunque estadísticamente sean improbables. Esto hace que un accidente de tren, que en realidad es un medio seguro, nos parezca mucho más frecuente y cercano», indica Ramírez.
Según la especialista, esta reacción es completamente normal y forma parte de nuestro instinto de autoprotección, pero puede generar ansiedad y miedo excesivo, sobre todo cuando los medios de comunicación y las redes sociales multiplican imágenes y testimonios impactantes. «Cada historia que vemos, cada vídeo o cada relato de víctimas nos hace sentir que podríamos estar allí, y el cerebro responde con alarma» añade.
«El miedo es humano, pero debemos aprender a acompañarlo sin dejar que nos domine»
El accidente ha vuelto a poner de relieve cómo las tragedias colectivas afectan nuestro día a día, generando preocupaciones incluso en desplazamientos rutinarios, como coger un tren o conducir. «Es un reflejo de que el miedo no está descontrolado, sino que forma parte de nuestra naturaleza», subraya Ramírez. «El problema surge cuando este miedo nos paraliza o nos impide realizar nuestras actividades cotidianas».
Entre los consejos que la psicóloga ofrece para afrontar la ansiedad colectiva destacan: reducir la sobreexposición a noticias e imágenes, expresar las emociones con familiares o amigos, mantener rutinas de autocuidado, y no quedarse atrapado en pensamientos catastróficos. Además, ha recordado que los profesionales de emergencias y psicólogos también necesitan espacios de descompresión para procesar sus propias emociones, algo que se practica mediante conversaciones internas y apoyo mutuo tras intervenciones traumáticas.
«El miedo es humano, pero debemos aprender a acompañarlo sin dejar que nos domine», afirma Ramírez. En este contexto, ha subrayado la importancia de la solidaridad y el acompañamiento emocional, tanto hacia quienes sufren pérdidas directas como hacia la población que experimenta ansiedad indirecta. Para quienes necesiten apoyo profesional, la especialista pone a disposición su página web beatuspsicologa.com, ofreciendo orientación para el cuidado emocional.
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