
Reconozco que, al principio, lo entendí mal. Como tantos otros. Yo pensaba que no se podría entrar en la ZBE con coches viejos, sobre todo si eran de motor diésel. Pero no, sean viejos o nuevos, contaminen más o menos, la única condición para poder entrar es que los usuarios sean residentes, estén empadronados en Benidorm, o tengan causas muy justificadas para hacerlo, como el trabajo, tener una segunda vivienda, o un garaje, amén de un sinfín de supuestos que tratan de resolver los empleados del ayuntamiento. Pese a todo ello, con multas o sin multas, yo observo el mismo tráfico de siempre: circulan coches por doquier.
Los conductores más prudentes o miedosos tienen cuidado de no pasar los límites de la ZBE, lo cual dificulta el acceso a lugares de ocio o recreación. Porque esta es otra: los espacios disuasorios están a tope.
Creo que en algunas ciudades europeas están pensando en quitar esas limitaciones, porque no resuelven gran cosa. No sé lo que pasará. Pero, concretamente en Benidorm, los que más contaminan son los autobuses, los camiones de la basura, los taxis viejos, etc. Y esos tienen que seguir pasando. En resumen, yo puedo pasar con un coche de veinte años y 400.000 kilómetros, diésel, debido a mi condición de residente, y uno que tenga un coche eléctrico o hibrido, recién comprado, no tiene acceso al casco histórico, por ser forastero el titular. ¿No estamos sacando las cosas de quicio?
Manuel Palazón



