
Lo digo a propósito de la película “El cautivo” que, dicho sea de paso, todavía no he visto. Pero ya está despertando mucha controversia… y morbo, que es lo que el director seguramente busca, porque así el largometraje es más taquillero. Aunque el mismo Amenábar sale al paso de posibles críticas afirmando que es un argumento de ficción, que no hay que seguir al pie de la letra lo que la película cuenta. Menos mal. Probablemente, Cervantes tuvo algún trato de favor por ser intelectual y poeta; no era un cualquiera; pero tampoco gozó de tantos buenos favores porque, en busca de la libertad, intentó vanamente fugarse varias veces antes de ser rescatado por los padres trinitarios. A este tenor, recomiendo la lectura de una novela intercalada en El Quijote (capítulo XXXIX de la Primera Parte (en la que un cautivo, en una venta, cuenta su historia, y cita a un tal Saavedra); en ella se cuenta que el cautivo sostenía mensajes con Zoraida, la hija de un magnate moro; es cristiana en secreto, le regala dinero a nuestro protagonista y planea fugarse a la menor ocasión con la condición de que el cautivo se case con ella; después de muchas vicisitudes, la historia termina felizmente: logran llegar a tierra cristiana, ya en España. Cervantes aprovecha algunas de sus obras para hablar de su cautiverio y defender que el bien más preciado es la libertad. En otra pieza dramática, “Los baños de Argel” (baño significa cárcel) el autor del Quijote trata el mismo tema (invito a leerla). Cervantes era un soldado con mala suerte; tampoco tuvo suerte con la familia; sería un pésimo recaudador, pero de lo otro, vamos, que nadie se lo crea. A Cervantes… ¡que no me lo toquen!
Manuel Palazón



