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EL BLUES DEL AUTOBUS por Manuel Abad

manolo abad

Sin entrar a batallar en el fondo del asunto pues además de libertad de expresión se puede ejercer libertad de pensamiento, lo que si tengo claro es que un país no adopta definitivamente un cambio o evolución social hasta que sus ciudadanos no dejan de tomar partido con especial vehemencia por alguna de sus opuestas tendencias. Ejemplo reciente de ello es el caso del tema sexual y sus variantes,  con la campaña del autobús a modo de escaparate biológico con segundas intenciones fletado por la organización “Hazte Oir”.

Si en este país hubiéramos aceptado y normalizado el asunto sexual de una vez, no se habría montado la “marimorena” que se ha montado. Con más o menos razón, allá cada cual con sus principios, lo que sí han conseguido los reaccionarios detractores de la idea es garantizarles a los denominados por ellos “ultracatólicos”, la mejor y mayor campaña publicitaria gratuita como nunca habrían soñado poder realizar. De la visión por  unos pocos cientos de viandantes del autobús con lo poco que les haya costado en comparación, han pasado a tener más de 3 días de informativos nacionales en todas las cadenas, magacines y tertulias de todos signo y color en radio y televisión, artículos y columnas impresas y “virales” amplios y surtidos en las redes sociales. Tanto como para que hoy todos ya sepamos de forma mayoritaria que existe “Hazte Oir “, ni la mejor agencia creativa americana consigue estos resultados.

Otro capítulo es el fantástico uso que los españoles hacemos de la “libertad de expresión”; que lo es, siempre y cuando la use yo y mis amigos –pensantes aunque insulte u ofenda a otros y que se convierte en acción represiva con delito de odio y apología de la violencia, si el uso lo hacen los otros contra mis propios pensamientos.

Libertad de expresión no puede ser entrar en una capilla o iglesia gritando con el torso desnudo, o representar una escena bíblica de forma irrespetuosa y aberrante, como tampoco tratar de “enfermos” a los que sienten su sexualidad de forma diferente. No puede haber razón si no hay respeto. 

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